Comunalismo: ¡Organizarse para liberarse!

Este texto es la continuación de «Capitalismo y Estado: ¡conocer para subvertir!», donde intentamos identificar los fundamentos sistémicos de la dominación —las lógicas estatales y capitalistas— para poder desmontarlos mejor. Pero la crítica no basta. Para transformar radicalmente nuestras condiciones de vida, es necesario organizar la respuesta.

En esta segunda parte, proponemos explorar las palancas de una estrategia comunalista concreta, arraigada en la vida cotidiana. Se trata de instituir aquí y ahora formas de vida colectiva liberadas de las lógicas del poder centralizado y del mercado, reconstruyendo nuestras capacidades de actuar desde la base: en nuestras calles, nuestros barrios, nuestros municipios.

Por una estrategia comunalista aquí y ahora

«La guerra nunca es un acto aislado. – Si, por ejemplo, cuestionamos la voluntad del adversario – Esta voluntad no es algo completamente desconocido; lo que es hoy nos enseña lo que será mañana.« – Clausewitz – Sobre la guerra –

Aprender del pasado

Tras la caída del Muro de Berlín, Fukuyama, en su libro El fin de la Historia, subrayó la supremacía absoluta y definitiva del ideal de la democracia liberal, necesidad misma del progreso y horizonte insuperable de nuestro tiempo. Nos corresponde a nosotros hacer añicos este manto de plomo. Ahora, más que nunca, necesitamos llamar la atención sobre este destello de luz que vuelve de lejos para suspender el ritmo trepidante de la actualidad, donde un acontecimiento persigue a otro. Porque «si sólo el presente es el tiempo de la política, cualquier acontecimiento del pasado puede adquirir o recobrar un grado de actualidad mayor que el que tenía en el momento en que tuvo lugar». – Walter Benjamin – Quién veía el pasado como un depósito de energía vengativa. Al recurrir al pasado sin ilusión, es posible generar la energía necesaria para inventar un mundo completamente distinto, un mundo emancipado pero no determinado. Así, el acontecimiento de las palabras del pasado nos toca haciéndonos sentir su inquietante extrañeza, como la flecha de la pregunta que nos plantea, las colisiones por alcance del presente teniendo que ser los transmisores. Nos corresponde a nosotros recoger esta flecha y relanzarla, siguiendo los pasos de Murray Bookchin, pensador de la ecología social y del comunalismo que se inspiró en gran medida en la revolución española para salir del capitalismo.

La revolución española1 – 1936-1939 – fue el resultado de un proceso que abarcó décadas de luchas intergeneracionales y de aprendizaje cotidiano en el trabajo, pero también a través de la cultura libertaria de los ateneos libertarios. Este joven proletariado, aún poco formado por la industria y el campesinado, demostró una capacidad de creatividad e inventiva sin parangón, tanto en el ámbito social como en el político. Con la socialización de los medios de producción, el desarrollo de una producción/consumo lo más local y territorial posible y la abolición del dinero en muchas comunidades, estos logros revolucionarios dieron un gran paso hacia la abolición de las categorías esenciales del capitalismo. Pero este intento estaba condenado al fracaso si no se extendía a los países vecinos y a escala mundial. Sólo quedaba descentralizar las ciudades y la producción industrial, como había teorizado el secretario de los intelectuales de la CNT, prefigurando y anticipando las propuestas de la ecología social2 . Con la revolución derrotada por la internacional capitalista armada con sus fascismos, todas estas esperanzas se disiparon, pero sin perderse del todo, ya que la historia nos permite recuperarlas.

Desde entonces, hemos visto cómo y por qué el capitalismo ha cambiado muchas veces para poder continuar su loca carrera hacia una mayor valorización del valor. En la guerra entre el proletariado y el Capital, este último ha ganado hasta ahora3 naturalizando el trabajo y haciendo retroceder al primero hacia su lógica de consumo, una lógica que conduce a la sociedad del espectáculo, a la separación y a la atomización social, pero también a la devastación ecológica . Son estos últimos efectos los que nos dan la medida de las contradicciones últimas del Capitalismo, las de una guerra contra la vida misma. El desafío actual es enorme, en un momento en que la tecnociencia y la tecnología digital nos confunden, nos ciegan y nos controlan hasta el punto de aceptar el fatalismo de una destrucción programada por la propia dinámica de este sistema. Es vital que despertemos nuestras conciencias y decidamos por fin prepararnos para ganar esta guerra. Debemos comprender desde el principio que ningún movimiento con pretensiones revolucionarias puede nacer o desarrollarse dando la espalda a su pasado. Un proverbio africano dice: «Si no sabes adónde ir, mira detrás de ti». Esta humildad nos da la medida de lo que podemos aprender de la guerra y la revolución en España, del fascismo y de las respuestas truncadas del antifascismo. Discutiremos estrategias y tácticas para construir un movimiento de este tipo en términos concretos, más allá de ilusiones electorales e impasses institucionales. El objetivo principal es compartir experiencias, discutir formas de organizar lo político contra la política y abrir vías para la creación de nuevas asambleas populares, como promesas de democracia directa. Es toda una estrategia desarrollada no por unos intelectuales notorios, sino por una Inteligencia Colectiva desarrollada emocionalmente al calor de la acción, en luchas colectivas y realizaciones alternativas, en estrecha complicidad por un objetivo común: el comunismo libertario. Es esta capacidad de diálogo mezclada con el ́entusiasmo por nuestra vida cotidiana, la que bien podría constituir una de las principales claves para desarrollar una inteligencia colectiva que, reconozcámoslo, está lejos de poder responder a los enormes desafíos que se nos presentan en la actualidad.

«Los anarquistas españoles se preocupaban por los aspectos concretos de una futura sociedad libertaria y discutían con entusiasmo casi todos los cambios que una revolución podría aportar a su vida cotidiana.« – Murray Bookchin – Los anarquistas españoles – Numa ediciones – 2000

Actuar aquí y ahora

Otro elemento importante que hemos de tomar de nuestros mayores españoles, en el aquí y ahora de un movimiento constituido, es no esperar al estallido de una revolución para hacerla. Se trata de construir ahora mismo instituciones flexibles pero sólidas, como embrión del mundo por venir. De este hecho histórico se nutre la propuesta política esencial del comunalismo de Murray Bookchin, que determinaría la esencia misma de la estrategia comunalista: «La tensión entre las confederaciones y el Estado debe permanecer clara e intransigente… el municipalismo libertario se forma en una lucha contra el Estado, se fortalece e incluso se define por esta oposición». Y esto hasta conseguir una relación de fuerzas que nos sea favorable.

En el contexto geopolítico actual, la cuestión política y social es indisociable de la cuestión ecológica. Se afirma en los márgenes, a través de las prácticas, en los territorios restringidos, en las comunas y en todas partes donde los grupos humanos tratan de recuperar el control de sus vidas (vivienda, agricultura campesina, salud, producción de energía y bienes de primera necesidad, vida artística, etc.). Ningún proyecto alternativo tendrá realmente éxito sin el desarrollo de un movimiento que reúna las luchas contra todas las formas de dominación y por la dignidad, así como las alternativas concretas buscadas conscientemente fuera del capitalismo. Necesitamos aumentar el número de intercambios entre estos espacios, crear vínculos de solidaridad y anclarlos en y entre comunidades, regiones e internacionalmente. Dotadas de esta cultura y práctica comunalistas, las numerosas experiencias en curso – de pedagogía social, de enseñanza alternativa, de educación popular, de viviendas y lugares compartidos, de producción auto-gestionada, de granjas colectivas, de luchas anti-patriarcales, de luchas feministas, de luchas contra la tecnología digital, de solidaridad activa con los migrantes y las ZAD, – pueden contribuir a enriquecer esta dinámica política que, partiendo del nivel local, debe federarse a través de un territorio y confederarse más allá.

Tres acontecimientos recientes nos proporcionan elementos fundamentales para desarrollar una estrategia concreta y pertinente. El primero es sin duda la pandemia, que ha permitido a un gran número de personas experimentar de primera mano su dependencia respecto a los supermercados, sometidos al mercado mundial, en cuanto a nuestra alimentación y nuestra atención sanitaria. Esta demostración flagrante de nuestra falta de autosuficiencia alimentaria ha permitido a muchas personas ver las cosas con más claridad. Más cerca de nosotros, y siempre sobre el mismo tema, los «Soulèvements de la terre» – levantamientos de la tierra – nos mostraron el camino, la determinación de un movimiento denunciando el acaparamiento del agua por la agroindustria, movilizando fuerzas para conseguir victorias. Más cerca de nosotros, la movilización de los agricultores de toda Europa denunciando la globalización acelerada del mercado agrícola a través de los acuerdos de libre comercio, en este caso Mercosur, que sacrifica a los pequeños agricultores y nos priva de toda autonomía alimentaria. Nos encontramos en un momento en el que el proceso iniciado con los cercamientos está llegando a su ultima etapa hasta la desaparición de nuestros agricultores, tanto en el Norte como en el Sur, convirtiendo la tierra en un mundo/factoría energéticamente intensivo y contaminante. Esta conciencia creciente de que nos encontramos a merced de esta maquinaria cada vez más frágil en lo que se refiere a los recursos alimentarios nos señala el camino para unirnos, tanto quienes estamos en la lucha como quienes creamos alternativas.

Se trata de todo un proceso que debe implicar y unir en un movimiento comunalista a todos los colectivos urbanos y rurales que luchan contra la dominación y el capitalismo para crear y anclar nuestras propias auto-instituciones comunales en tensión con la del Estado. El mundo de mañana se está construyendo hoy. En estas asambleas, en la complicidad del pensar y hacer juntas y juntos en la perspectiva de un mundo nuevo, con la ayuda de la empatía, podremos determinar nuestras necesidades alimentarias reales, pensando en los más desfavorecidos y en estrecha colaboración y participación con los pequeños agricultores, con el objetivo de repoblar el campo vaciado de sus habitantes. Se trata de crear juntos el poder de decidir y de crear, o se lo político4 como fuerte vínculo uniendo nuestras diversidades e insertarlas en el medio natural. Pero también se trata de avanzar consciente y voluntariamente hacia una salida definitiva del capitalismo y hacia una ecología social. Ante estas movilizaciones vitales, que conciernen a todas y todos, debemos alinear nuestra estrategia en esta vía de recuperación de la autonomía alimentaria5, aliada esencial de la autonomía política.

¿De qué fuerzas disponemos? ¿No potencialmente, sino realmente? Tenemos que admitir que la relación de fuerzas dista mucho de estar a nuestro favor, debido a la falta de apoyo a nuestras propuestas y, sobre todo, a la falta de organización. Y ahí es donde radica el problema, y es esta laguna la que nuestra estrategia debe colmar ante todo. Así pues, si conseguimos dar este impulso, habremos dado el primer paso, sin duda el más difícil. Nos corresponde a todos identificar los puntos que tenemos en común con otros colectivos distribuidos espacialmente, reunir y luego desarrollar esta inteligencia colectiva, en un diálogo incesante y decidido para crear este movimiento emancipador, diversificado y unificador, portador de esperanza, a escala local, regional y más allá. La estrategia primordial sigue siendo la creación de un vasto movimiento sociocultural y político autónomo, capaz de aglutinar las luchas y sensibilidades emancipadoras dispersas contra el yugo de dominación aglutinado por el Capitalismo inevitablemente totalitario. Este movimiento será el germen de un nuevo mundo paralelo donde podremos decidir qué herramientas necesitamos, hasta el punto de prescindir en la mayor medida posible de la tecnología digital, para volver a fluir en la vida, donde primarán las relaciones humanas en todos los ámbitos, empezando por el local. Esta vasta y vital tarea implica una interacción dinámica de tres elementos inseparables: la teoría, la práctica – dialécticamente unidas – orientadas hacia un horizonte emancipador.

Floréal M. Romero

3  Así lo dijo el multimillonario Warren Buffet en 2006: Hay una guerra de clases, eso es un hecho, pero es mi clase, la clase rica, la que la está librando, y la estamos ganando (New York Times, 26 de noviembre de 2006).

4  Sólo se defiende lo que se ama. Además del vínculo de confianza, e incluso de colaboración directa a través de la ayuda mutua, esta práctica constituye en sí misma una escuela de vida, un fuerte desarrollo de la empatía y la inmersión en el medio natural a través de una aprehensión sensorial de nuestro vínculo con la naturaleza y del placer de formar parte de ella y colaborar con ella.

5 Ver : Reprendre la terre aux machines – L´Atelier Paysan – Ed du Seuil 2021 – « Recuperando la tierra de las máquinas »

 

Partagez ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.