De origen latino, «resistare» es un término militar que significa «detener para hacer frente», «obstaculizar», «mantener una posición firme». Contrario a la pasividad o al inmovilismo, la resistencia es actividad y movimiento frente a un enemigo y no puede reducirse a la defensa. Puede convertirse en ofensiva cuando una lucha «contra» se transforma en una lucha «por».
Pero los orígenes de la resistencia los hallaremos más atrás, en los primeros intentos de dominación, empezando por la de género como matriz del nuevo modo de organización social autocrático destinado a desbancar a las sociedades igualitarias, aquellas matrilineales de antaño. Y esto incluso antes de su afianzamiento y estructuración, mediante técnicas sociales autoritarias destinadas a una sumisión reconocida como legítima por las personas afectadas, hasta alcanzar su paroxismo en el actual tecnocapitalismo. Desde el principio, la resistencia se construye en la acción frente a la injusticia, las desigualdades, la intolerancia, la represión y la pobreza, tanto en la esfera política como social, económica, religiosa y en diversos ámbitos, privados o públicos. La acción que se deriva de ello puede ser violenta, armada o no violenta, pasiva y expresarse de forma individual a través de la escritura comprometida y crítica, de la creación artística, pero solo se vuelve fructífera cuando se lleva a cabo a través de nuestras acciones comunes dentro de un movimiento.
No sabemos de lo que somos capaces hasta que no lo hayamos experimentado colectivamente a nivel emocional, hasta que hayamos superado los límites que se nos han impuesto para hacernos crédulos y aptos para la obediencia. A través de la experiencia, estas resistencias en todo el mundo, nos dotarán de una «capacidad deseante» al ver cómo las luchas «contra» se transforman en luchas «por». Así, la resistencia, esa escuela del «hacer juntas y juntos», nos dará la capacidad de retomar el control de nuestras vidas, de apropiarnos, partiendo de lo local, de los territorios prohibidos, construyendo nuevos espacios propicios para la creación, la expresión de la libertad y, por tanto, la autoinstitución de lo político mediante la democracia directa, todo ello reforzado por los vínculos internacionales. Ahí reside todo el reto y el desafío del comunalismo.

Sainte-Soline: cuando la defensa de los bienes comunes se convierte en un delito de Estado.
En solidaridad con los compañeros y compañeras heridas durante la represión del 25 de marzo de 2023 en Sainte-Soline, reproducimos aquí el comunicado de las

DEFENDAMOS EL COMÙN
Solidaridad con las comunidades zapatistas en lucha Mientras que en México, el nuevo gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, surgido de la coalición «Sigamos Haciendo