«POLÍTICA» – Abecedario de la Ecología Social

Que solo una minoría de la población se interese por la política, es decir, por la forma en que puede organizarse la sociedad en su conjunto, por cómo podría alcanzarse una cierta armonía de convivencia en esta tierra, no es más que la consecuencia del desvío de esta política hacia la falsificación del sentido que representa la propia política. Con la política, una ínfima minoría se apodera de esta manifestación esencial de lo común, de lo que nos pertenece a todos, de lo que determina la forma en que podremos vivir y organizarnos, para convertirlo en su cosa particular. A este rapto de lo común se le da falsamente el nombre de representación, que en realidad no puede ser otra cosa que confiscación. Es a través de esta confiscación que nace la maldita casta de los políticos, que en última instancia no es más que la emanación de la dominación, de lo que nos separa del control de nuestras propias existencias y nos hace ajenos al concepto mismo de nuestra propia libertad, a lo que podría darle sentido. ¿Cómo sorprenderse entonces de que esta casta siempre se asocie en última instancia con los poderes del dinero, se convierta en su relevo a través de la economía política y nos imponga su lógica desencarnada?

La corrupción del político no es, en el fondo, un efecto de su personalidad particular, sino simplemente de aquello a lo que su función no puede sino llevarle. El político ocupa un lugar en una estructura organizativa de la sociedad que es la del capitalismo globalizado. Es esta estructura la que determinará la esencia de sus actos y la que decidirá su futuro en esta casta. El político, independientemente de sus intenciones iniciales y del partido al que pueda pertenecer, comprende con bastante rapidez que, si no cumple con este requisito, no tendrá la más mínima oportunidad de hacer carrera; y se adapta a ello, eso es todo.

En este contexto, no puede hablarse de democracia, sino más bien de capitalocracia.

Esta realidad está ahora tan arraigada en las normas de gestión de esta forma de sociedad que, aparte de algunos ingenuos que no durarán mucho, solo los peores arribistas y los más serviles aspiran a los puestos de este campo político. Y cuanto más se asciende en la escala jerárquica mientras se arrastra, más notoria será la canallada y la bajeza de espíritu.

En definitiva, el político consumado no puede ser más que un neurótico y un enfermo grave, de lo contrario no sería capaz de asumir su falsedad diaria y la acumulación excesiva de sus mentiras.

Esta siniestra farsa no podría durar sin el aval permanente de la esfera mediática, que apoya constantemente esta completa inversión del concepto mismo de democracia, su transformación en una plutocracia dirigida por psicópatas. Y esto es muy conveniente, ya que la gran mayoría de estos medios de comunicación son ahora propiedad o están bajo el control de esta misma capitalocracia. Para dar algo de credibilidad a este espectáculo paródico, se necesita necesariamente una horda de comentaristas interesados cuya tarea principal consistirá en compartimentar al máximo el espacio de la reflexión política, sin dejar entrever ninguna alternativa que pueda poner fin a esta comedia debilitante.

Poner fin a la lamentable existencia de los partidos y a sus nocivas divisiones, concebir la instauración de formas prácticas de democracia directa que prohíban este deplorable sistema «representativo», es algo que nunca se considerará seriamente e incluso será objeto de todo tipo de denigraciones.

El desafortunado votante no debe conocer otra cosa de la democracia que el papel miserable al que el sistema político representativo le ha reducido y en el que debe seguir creyendo contra toda lógica y a pesar de sus continuas decepciones.

En estas condiciones, uno podría sorprenderse de la continuidad misma de la política en su terrible y cada vez más evidente inconsistencia si no recordara lo que exige esta continuidad; si no recordara esta evidencia de que el capitalismo nunca ha sido compatible con una democracia efectiva y nunca lo será. Pero muchos ya son muy conscientes de ello y lo único que les queda es retomar la política con objetivos completamente diferentes.

Traducido por TerKo con la ayuda de una herramienta de traducción gratuita.


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