Nuestra intervención en Résistantes 2025

17:00-19:00 – Recuperar los medios de producción y repensar nuestras alternativas ecológicas

Mesa redonda 📍Carpa Anne Sylvestre – Sábado 9 de agosto

En presencia de sindicalistas locales, representantes de territorios a nivel internacional como aquellos de Chiapas y Rojava, y con el testimonio de algunos movimientos en Francia, nos preguntaremos qué implica el ambicioso proyecto político de reapropiarse de los medios de producción. ¿Cómo avanzar hacia este horizonte y cómo lo han vivido quienes ya lo han experimentado a diferentes niveles?

Ponentes:

  • CGT refinerías (no representada)
  • Solidaires – por la Alianza Ecológica y Social
  • Comisión de Ecología de la Unión Comunista Libertaria
  • Movimiento de Mujeres Kurdas en Francia
  • Comité de Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha
  • Juliette Duquesne escritora y periodista
  • Ecología Socialy Comunalismo «L’Adventice»

A continuación, se presenta la descripción del desarrollo, en seis puntos, elaborada y propuesta por Hélène Assekour, periodista independiente y moderadora de esta mesa redonda

1. ¿Por qué reapropiarse de los medios de producción (Khalil, Floréal, Corentin)? – 15 minutos

Comenzaremos el debate con la pregunta de por qué reapropiarse de la producción.

Khalil, Floréal Romero y Corentin podrán abordar las razones de la reapropiación de la producción, por motivos democráticos, ecológicos y sociales.

2. Algunas experiencias concretas (Virginie, Khalil, Juliette) – 20 minutos

A continuación, se presentarán ejemplos concretos para situar la conversación y saber de qué estamos hablando. Me parece importante contar concretamente las experiencias de Chiapas (Virginie), Rojava (Khalil) y también dar algunos ejemplos en Francia (Juliette Duquesne).

3. ¿A qué escala? (Juliette, Julie) – 10 minutos

Los ejemplos que dará Juliette nos permitirán abordar la cuestión de la escala de estas experiencias. De hecho, se trata de experiencias a muy pequeña escala.

Por el contrario, luego podremos hablar de Chapelle Darblay, donde los trabajadores y trabajadoras han propuesto un plan de reconversión de su fábrica. Esto nos permitirá evocar las dificultades, incluso la imposibilidad, de reapropiarse de los medios de producción industrial, que son muy costosos.

4. ¿Qué lugar ocupa el Estado? (Julie, Juliette, Floréal, Khalil) – 20 minutos

Esto también servirá para establecer el vínculo con el lugar que ocupa el Estado en estos procesos.

Julie Le Mazier, Juliette Duquesne, Floréal Romero y Khalil podrán debatir sobre las relaciones con respcto al Estado, entre dependencia y oposición, plantear nuestras contradicciones y, tal vez, el cómo superarlas.

Se abordará, en particular, la cuestión de la nacionalización de los medios de producción: ¿se trata de una forma de reapropiación? ¿Es una etapa necesaria o bien una ilusión?

5. ¿Salir del mercado y del capitalismo? (Virginie, Corentin) – 15 minutos

Del mismo modo, exploraremos las dificultades a las que se pueden enfrentar estas experiencias para salir del mercado. Virginie nos hablarà, en particular, del ejemplo de las cooperativas de Chiapas y sus nichos de mercado en Europa. Corentin podrá mencionar otras experiencias de autogestión.

También abordaremos las cuestiones relacionadas con el estatus de la propiedad.

6. ¿Qué estrategia aquí y ahora? (Floréal, Corentin, Julie) – 20 minutos

Para concluir, me parece importante dar pistas de acción estratégicas para reapropiarnos de los medios de producción. Floréal podrá hablar de la estrategia del municipalismo libertario, Julie de la acción sindical y las reivindicaciones que hay que plantear para involucrar a los trabajadores y trabajadoras en la reconversión de la producción, y Corentin de la necesidad de tender puentes entre diferentes ámbitos de lucha.

A continuación, transcribimos las tres intervenciones de Floréal correspondientes a los puntos 1, 4 y 6.

🎤 Intervención 1 – (punto 1 – 5 minutos) – ¿Por qué reapropiarse de los medios de producción?

Buenos días a todas y todos,

Partiendo de mi experiencia y mis conocimientos, vengo a compartir y reflexionar con ustedes sobre este importante tema. Hijo de un anarcosindicalista español, mi reflexión comenzó muy pronto. En 1990, me convertí en uno de los fundadores y animadores de una ecoaldea en Andalucía que duró 17 años. Desde 2007, junto con otros agricultores, formo parte de una red de AMAP (Asociaciones para el Mantenimiento de la Agricultura campesina) en Francia. Actualmente participo en el Taller de Ecología Social y Comunalismo, soy socio de l’Atelier Paysan y autor de dos libros.

Sí, parece lógico y deseable reapropiarse de los medios de producción, autogestionarlos para controlarlos y decidir por nosotros mismos sobre nuestra producción. Pero, en primer lugar, ¿cómo lograrlo? ¿De qué estamos hablando exactamente? ¿Seremos capaces de controlarlos sin una especialización a ultranza, prescindiendo de sus tecnologías autoritarias que, a su vez, nos controlan? ¿Debemos reapropiarnos de las centrales nucleares? ¿O debemos pensar más bien en cómo volver a quitarle «la tierra a las máquinas» para recuperarlas ? ¿Y de qué son expresión estas máquinas?

¿Y qué decir de la producción en sí misma? Destinada no a producir bienes, sino únicamente mercancías. Porque ahí está el “corazón” de la economía que lleva al mundo a su perdición por la coacción del mercado, la de «crecer o morir», que obliga a producir cada vez más a un costo menor para sobrevivir en su sangrienta arena. Allí donde siempre habrán excluidos socialmente y, para nuestro entorno natural, el desastre anunciaado.

Reapropiarse de los medios de producción actuales sigue siendo una quimera si no se remonta a la raíz de lo que los sustenta, es decir, a la economía, en otras palabras, al capitalismo, ese «sujeto autómata» que nosotros mismos hemos incorporado. Al mantener sus categorías constitutivas, renacerá de sus cenizas y con más fuerza, como lo demuestra la historia. Estas son el dinero, la disociación de género, la propiedad privada de los medios de producción, el trabajo abstracto, el mercado, el fetichismo de la mercancía y el Estado.

Así, nuestras valiosas luchas y alternativas que no apunten a superar estas categorías no son más que una ilusión y serán engullidas por esta megamáquina y digeridas para su propio crecimiento. Así, el sindicalismo, inicialmente revolucionario, fue alcanzado por el consumismo, el feminismo integró las normas sociales patriarcales y el ecologismo dio a luz a un capitalismo verde. Las alternativas monetizables alimentaron nuevos nichos: cooperativas de «capitalismo colectivo», sello ecológico, energías renovables, economía circular o social y solidaria, etc. En cuanto al ámbito de la política, al igual que en el de la economía, el municipalismo a secas, bien podría proporcionar al Estado una alternativa mediante la adhesión ciudadana a sus instituciones más cercanas al pueblo. La gestión tecnocrática aplicada a la producción y a la política cerraría así el círculo de la racionalización instrumental, al estilo chino, ese horizonte tan codiciado por los suboficiales del Capital.

Ya, Bookchin, criticando los excesos de un movimiento preocupado por la transformación de su modo de vida y rechazando toda forma de organización y programa revolucionario, advertía:

«No puedo sino seguir a Emma Goldman cuando afirma que no quiere una revolución en la que no pueda bailar. Pero al menos quería una revolución, una revolución social, sin la cual tales fines estéticos y psicológicos solo beneficiarían a unos pocos.

Y precisaba: «La revolución no consiste en gestionar lo existente de forma más equitativa, sino en transformar la naturaleza del poder, en recrear una sociedad basada en la participación directa y la responsabilidad colectiva». »

Y según Öcalan: «La libertad no consiste en hacerse dueño de los medios de producción, sino en crear las condiciones de vida autónomas de una sociedad».

El capitalismo, por su lógica inherente a la separación mercantil entre producción y consumo, entre ciudades y campos, ha hecho añicos la totalidad social de lo común y ha transformado la naturaleza y los seres humanos en objetos. El comunalismo se propone invertir esta dinámica, empezando no por una reapropiación ciega de los medios de producción, sino por una reapropiación progresiva del poder político auto-instituido, es decir, una soberanía de la asamblea política sobre las unidades de producción comunales. Reapropiación primaria porque es ella la que va a decidir sobre todas las demás: elección de los medios de producción, de las técnicas democráticas, etc., o sea, todo lo que determina nuestra relación social y esta última con nuestro entorno natural.

🎤 Intervención 2 – (punto 4 – 5 minutos) – ¿Qué lugar ocupa el Estado?

Abordar el lugar del Estado es un ejercicio esencial: en cuanto se habla de transformación social, el Estado se invita a la conversación como solución prácticamente insuperable

Sí, el Estado puede parecer una herramienta práctica, una palanca inmediata. Se le pide que legisle, financie e incluso nacionalice sectores clave. Algunos movimientos reclaman la nacionalización de la tierra, las industrias y la energía, lo que permitiría según ellos una transición más rápida. Sin embargo, debemos cuestionar esta lógica, ya que nada es más falso.

Históricamente, el Estado nació como la primera técnica social autoritaria inventada por los dominantes, mucho antes que las máquinas. Mantener esta estructura obliga a explotar tanto a los seres humanos como a la naturaleza. Sobre todo cuando se trata de imperios calificados por Mumford como Megamáquinas.

En el siglo XVI, el Estado integra el nuevo capitalismo rural, sellando la propiedad privada de los medios de producción por ley, en primer lugar aquella primordial, la de la tierra arrebatada al campesinado a sangre y fuego, destruyendo sus comunidades mediante la «caza de brujas». Desde entonces, tras sofocar toda revuelta y revolución, se encarga de garantizar y reproducir esta matriz social mediante el palo y la zanahoria. En el capitalismo avanzado, el Estado y su Política de partidos ha logrado colonizar “lo político” que aún se resistía en los municipios, gracias a la Democracia Representativa, un oxímoron para camuflar el secuestro del poder colectivo.

Podemos comparar el último invento que parece oponerse a ello con el de la socialdemocracia, que, en connivencia con el fordismo, no ha hecho más que perpetuar el sistema integrando por ley las reivindicaciones populares en su dinámica de valorización monetaria: aumentos salariales, consumismo, acceso a la propiedad, etc. Toda una corriente “ciudadanista” que se reivindica del municipalismo a secas, incluso del «comunalismo», que pretende cambiar las reglas del juego apoderándose colectivamente de los municipios con «listas ciudadanas». Es cierto que las Instituciones unicipales no son el Estado-nación, pero no cabe duda de que son el extremo de su esqueleto, aquel que se aferra al cuerpo social. Estos Municipios, bajo la tutela de los Gobiernos autonómicos, permiten al Estado ejecutar sus órdenes, recaudar impuestos, administrar y controlar todo el territorio y a sus súbditos. Estas Instituciones terminales han sido pacientemente forjadas y perfeccionadas a lo largo de los siglos para no fallar en su misión de correa de transmisión. Servir a las Instituciones del Estado es servir al capital, de su ideología (propiedad privada de los medios de producción, fetichización de la mercancía, etc.), categorías todas ellas imprescindibles para estimular el mercado, quién a su vez financia al Estado, a su ejército y a sus Instituciones.

Por estas razones, y considerando también el municipio como el lugar donde arraigar las luchas y las alternativas contra todas las dominaciones, es ilusorio intentar tomar las riendas de las Instituciones del Estado-nación y desviarlas de sus funciones más que determinadas. Como nos enseña la historia una y mil veces, son, por el contrario, estas Instituciones estatales las que nos desviarán de nuestro camino emancipador. Enclavadas en las entrañas del Leviatán económico, terminan devorándonos, independientemente de los medios económicos y jurídicos que puedan ofrecernos y, sin duda, precisamente por esos cebos. Nos veremos obligados a plegarnos a las exigencias de la acumulación. El Municipio capitalista, como cualquier empresa, puede funcionar con más socios y de forma autogestionada, pero se debe de funcionar, es decir, ser rentable y competitivo o depender de las subvenciones estatales. Si tuvieran éxito, estas iniciativas ciudadanas no harían más que aplicar una técnica de gestión, la de una sumisión popular consentida. ¿No sería esta la peor de las dictaduras orwellianas soñadas por un Elon Musk?

Pero su estrategia para lograrlo, aquella que consiste en poner un pie dentro del Ayuntamiento y otro fuera, parece bastante comprometida, ya que el pie que está dentro siempre acaba haciéndole una zancadudilla que está fuera, a esas asambleas populares fuera de la Institución que se proponian apoyar esa iniciativa. Un ejemplo ilustrativo es el de Barcelona, donde los “municipalistas” que llegaron al poder acabaron desactivando a los movimientos sociales y perdiendo posteriormente las elecciones.

Ante la urgencia, hay que evitar los fracasos, con la desmoralización y los retrocesos que estos conllevan, optemos por la lentitud para avanzar hacia la utopía con coherencia y utilizando medios ya probados, como los de los y las zapatistas quienes llevan un mundo nuevo en su corazón.

🎤 Intervención 3 – (punto 6 – 6 a 7 minutos) – ¿Qué estrategia aquí y ahora?

En primer lugar, tenemos que «conocer al enemigo y, sobre todo, conocernos a nosotros mismos», porque el reto actual es enorme, en un momento en que la tecnociencia y lo digital nos perturban, nos ciegan y nos controlan hasta el punto de llevarnos a aceptar el fatalismo de una destrucción programada por la propia dinámica de este sistema.

El despertar de las conciencias es vital para decidirnos por fin a prepararnos para ganar esta guerra. También debemos comprender que ningún movimiento revolucionario puede desarrollarse dando la espalda a su pasado. Es sabio aquel dicho africano cuando nos dice:

«Si no sabes adónde ir, mira atrás».

Esta humildad nos remite a la revolución española de 1936, al desarrollo de ese movimiento libertario y a su impulso sin igual, alimentado por una dialéctica entre tres elementos inseparables: la práctica, la teoría y el sueño. Toda una estrategia elaborada no por intelectuales notorios, sino por una inteligencia colectiva desarrollada emocionalmente en el fragor de la acción, en las luchas colectivas y en las realizaciones alternativas, unidas por una estrecha complicidad, con un objetivo común, esa utopía : el comunismo libertario.

Otro elemento importante que hemos de retomar de nuestros antepasados del estado español, en la acción en el “aquí y ahora” de un movimiento constituido: no esperar a la deflagración de una revolución para hacerla. Se trata de crear inmediatamente auto-instituciones flexibles pero sólidas como embriones del mundo venidero. Es decir, una sociedad paralela con auto-instituciones en tensión con las del Estado. Este hecho histórico es la que alimentó la propuesta política esencial del pensamiento de Bookchin, aquella que determinaría la esencia misma de la estrategia comunalista :

«La tensión entre las confederaciones y el Estado debe permanecer clara y sin concesiones… el comunalismo se forma en una lucha contra el Estado, se fortalece e incluso se define por esta oposición».

Y así hasta alcanzar una relación de fuerzas que nos sea favorable. En nuestro contexto geopolítico actual, la cuestión política y social es indisociable de la ecológica. Ya se afirma en los márgenes, a través de prácticas, en territorios, municipios y en todos los lugares donde los grupos humanos buscan recuperar el control de sus vidas (vivienda, agricultura campesina, salud, producción de energía y bienes esenciales, vida artística, etc.). Ningún proyecto alternativo tendrá éxito sin el desarrollo de un movimiento político capaz de aglutinar tanto las luchas contra toda dominación y por la dignidad como también y conjuntamente con las alternativas concretas. Por lo tanto, es necesario multiplicar los diálogos y los intercambios entre estos espacios,

Dotadas de esta cultura y esta práctica comunalista, las numerosas experiencias en curso en torno a la pedagogía social, la enseñanza alternativa, la educación popular, los hábitats y los lugares compartidos, la producción autogestionada, las granjas colectivas, las luchas antipatriarcales, contra lo digital, la solidaridad activa con los migrantes y las ZAD, pueden contribuir a enriquecer esta dinámica política que, partiendo de lo local, podrá federarse en un territorio y confederarse más allá, a nivel internacional. Tres acontecimientos recientes nos aportan elementos fundamentales para elaborar una estrategia concreta y pertinente. El primero, la pandemia, que ha permitido a un gran número de personas sentir de manera directa su dependencia de la gran distribución sometida al mercado mundial en lo que respecta a nuestra alimentación y al sistema sanitario. Demostración flagrante de nuestra falta de autonomía alimentaria, esta ha permitido a muchas personas ver las cosas con más claridad.

Más cerca de nosotras, los “Levantamientos de la Tierra” en Francia nos han mostrado la determinación de un movimiento para denunciar el acaparamiento del agua por parte de la agroindustria y movilizar fuerzas para obtener victorias. Del mismo modo, la movilización de los agricultores en toda Europa ha denunciado la aceleración de la globalización del mercado agrícola a través de acuerdos de libre comercio, en este caso el «Mercosur», que sacrifica a los pequeños agricultores y nos priva de toda autonomía alimentaria. Llegamos así a un punto en el que culmina el proceso de “cercamiento”, – aquellas tierras de las que se apoderaron por la violencia la burguesía en Inglaterra, al inicio del capitalismo – , el de la desaparición de los campesinos, tanto en el Norte como en el Sur, transformando la tierra en un mundo/fábrica energívoro y contaminante. Esta creciente toma de conciencia de que estamos a merced de una maquinaria cada vez más frágil en lo que respecta a los recursos alimentarios nos muestra el camino para unirnos de nuevo tanto en nuestras luchas como en nuestras alternativas.

A partir de estos movimientos sociales, ya no queremos delegar nuestro poder político, sino ejercerlo directamente en nuestras asambleas populares y decisorias. Y como propone el “Atelier Paysan” para «recuperarla tierra a las máquinas»:

«Estas luchas, así como nuestras acciones sobre el terreno, también deben permitirnos experimentar e imponer nuevas formas de instituciones a medida que las antiguas sean destituidas».

Ahí es donde se sitúa este proceso político, el comunalismo, y que debe implicar a todos los colectivos de las ciudades y el campo que luchan contra el capitalismo, con el fin de crear y consolidar nuestras propias auto-instituciones comunales en tensión contra las del Estado. El mundo del mañana se construye hoy. Es en estas asambleas, gracias a la complicidad de la reflexión y la acción compartidas con la perspectiva de un mundo nuevo y con la dinámica que otorga la empatía, donde podremos determinar juntos nuestras necesidades reales . Ya sea en materia de alimentación, pensando en los más desfavorecidos y en una estrecha colaboración y participación con los pequeños agricultores, con el propósito de repoblar los campos vaciados de sus habitantes. Se trata de una creación común de lo político como vínculo fuerte dentro de nuestras diversidades locales, regionales y mundiales, e insertadas en el medio natural.

Nos corresponde a todos y todas desarrollar esta inteligencia colectiva, en un diálogo incesante y decidido, para crear este movimiento emancipador y federador, portador de esperanza, a nivel local, regional y más allá. Esto es lo que la ecología social, en pocas palabras, puede aportar a esta voluntad de recuperar la autonomía campesina y alimentaria, pero también la autonomía política, ambas indisociables.

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