…, en España, en Europa …
¿Y si ahora tomásemos de una vez las riendas de nuestro destino ?
¿Y si acabásemos con estos partidos políticos que nos dividen, con estas jerarquías parasitarias que viven a nuestra costa, con estos gobiernos irresponsables que no hacen más que agravar los problemas?
¿Y si acabásemos con esta competitividad generalizada en la que solo salen ganando los más deshonestos y egoístas?
¿Y si acabásemos con las fronteras y los muros que enfrentan a los seres humanos entre sí y los convierten en enemigos o monstruos?
¿Y si acabásemos con este saqueo desenfrenado de la Tierra y de la vida, que nos lleva directamente a la catástrofe?
¿Y si, en lugar de sufrir, volviésemos a creer en nosotros mismos? ¿En nuestra capacidad para reconstruir un mundo común en el que todos y todas podamos encontrar nuestro lugar, vivir con dignidad y recuperar la alegría de vivir que cada día se nos escapa un poco más?
A eso puede contribuir el proyecto comunalista. No como un programa impuesto desde arriba, sino como un camino que debemos trazar juntas y juntos. Un proyecto vivo, que se construye desde la base, en nuestros barrios, nuestros pueblos, nuestros lugares de vida y de trabajo.
¿La condición previa? Establecer en todas partes asambleas populares. Lugares abiertos a todas las personas, donde decidamos juntas lo que nos concierne directamente. Donde se discuta, se debata, se sueñe, se actúe. Donde se tejan lazos de solidaridad, se compartan conocimientos y recursos, se cuide de todas las personas y de nuestro entorno común.
Estas asambleas no quedarían aisladas: podrían conectarse, ayudarse mutuamente, federarse. Formar una red horizontal, un federalismo vivo, arraigado en lo local pero abierto al mundo. No un poder que aplaste, sino una red que fortalece.
Asambleas que funcionan en democracia directa, buscando el consenso más amplio posible, para que las decisiones refuercen los vínculos en lugar de crear nuevas divisiones.
Re-aprendamos así a vivir juntos y no los unos contra los otros: esa es la condición previa.
El 10 de septiembre podría ser el punto de partida. No solo un día de ira, sino un momento de encuentro y de decisión. La oportunidad de transformar los eslóganes en debates, los debates en acciones y las acciones en cambios concretos.
No necesitamos permiso para organizarnos. Podemos empezar ahora mismo, allí donde estamos.
No solo para decir no a este viejo mundo, sino para empezar a construir el siguiente:
Un mundo en el que una economía moral y comunal responda a las necesidades reales, en el que la justicia social sea concreta, en el que podamos escoger una comunotecnología que nos libere, en el que se combatan toda forma de dominación: capitalismo, patriarcado, racismo, autoritarismo… Un mundo en el que el apoyo mutuo, la complementariedad y la inteligencia colectiva sustituyan a la competitividad y la alienación.
Este movimiento será lo que nosotras y nosotros hagamos de él. Pero ya sabemos que es lo que puede guiarlo: dignidad, libertad, igualdad, solidaridad, respeto por la vida.
Así que, a partir del 10 de septiembre, hagamos germinar asambleas populares por todas partes.
¡Viva la Comuna! ¡Viva la democracia directa!
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