Una agricultura en vistas a una autonomía politica

Nuestra intervención en el V Congreso Latinoamericano de Teoría Social

La obra que emprendemos es esta: cultivar George Hill y las tierras baldías que la rodean, sembrarlas de trigo y comer juntos el pan obtenido con el sudor de nuestra frente. […] Esta declaración significa por igual para todos los trabajadores, o para todos aquellos que se consideran pobres, que no trabajarán por salario para un terrateniente ni para ninguna persona que se haya enaltecido por encima de los demás: pues con su trabajo han engendrado tiranos y tiranías, y al negarse a trabajar por salario los derribarán de nuevo. Quien trabaja para otro, ya sea por contrato o renta, lo hace contra la justicia y contribuye a mantener la maldición.” – Gerrard Winstanley – El estandarte desplegado de los verdaderos niveladores – Manifiesto de los excavadores, 1649 – .

Una parte importante de la población de los países «ricos» no puede permitirse una alimentación adecuada. El 70% de los ingresos de los agricultores proceden de subvenciones, y la mitad de ellos (el 80% de los ganaderos) tienen ingresos negativos antes de impuestos y subvenciones. Es un panorama asombroso de un sistema que no funciona en absoluto.

Aquí en Europa, los movimientos de defensa de la agricultura campesina existen desde hace más de cincuenta años, pero se nos plantea un dilema: en Francia, las AMAPs y las tiendas de productores se desarrollan, la cuota de mercado de los productos etiquetados como «ecológicos» aumenta. Pero por otra parte el Atelier Paysan – Taller Campesino – por ejemplo gasta «una cantidad demencial de energía» para formar sólo a 700 campesinos/as al año; Terre de Liens1 – Tierra de Lazos – , en 20 años, ha podido adquirir y conservar 223 explotaciones y 6.400 ha, pero el sistema dominante no se ve en absoluto (o muy poco) sacudido por estos avances. Las ventas de pesticidas aumentaron un 22% entre 2009 y 2018; las tierras cultivables siguen reduciéndose en favor del hormigón a un ritmo de 26 m2 por segundo; más de 200 explotaciones desaparecen cada semana – lo que Terre de Liens está tardando 20 años en compensar – .

Las prácticas más interesantes de la agricultura campesina no se difunden. El propio complejo agroindustrial se abalanza sobre estos nichos con una eficacia formidable; en efecto, son las prácticas de la agricultura competitiva las que siguen marcando las pautas. Y todo ello, pese a las luchas y las alternativas campesinas como la Red de semillas Campesinas. Iniciativas que al igual que las de los «consumidores-actores» como los Amaps, son totalmente inofensivas frente al complejo agroindustrial. Tal vez porque nos quedamos restringidos a los nichos tolerados, o incluso incitados y hasta creados, por el mercado y las agroindustrias, sin alterar en absoluto la dinámica constreñida de la búsqueda de plusvalía. He aquí lo que decía Bookchin hace más de veinte años:

«En resumen, estas empresas “alternativas” se están volviendo tan inorgánicas, impersonales, informatizadas y cínicas como las grandes empresas cuyo territorio están engullendo. Se están convirtiendo en trasteros de alimentos orgánicos para satisfacer las necesidades terapéuticas de un público cada vez más anónimo e inerte.»

Luego, aunque casi todas esas iniciativas se reclaman del anticapitalismo, nos encontramos con bastante diferencias de análisis en cuanto a la naturaleza misma de la dinámica constreñida del Capital. Sería un error pensar que todo vale y dejar de confrontar esas diferencias en nombre de una posible unión porque sin un análisis lo más exhaustivo posible de la Megamáquina, no estaremos en condiciones de desarrollar las estrategias más pertinentes para enfrentarla y desmantelarla. Las desactivaciones por prestidigitación política de los movimientos más radicales en la historia no son fruto de la casualidad, sino de la falta de coherencia propia, de un conocimiento de las estrategias de los «oficiales del capitalismo», de saberes prácticos y culturales emancipadores y, por tanto, de preparación a medio y largo plazo. Si queremos evitar cualquiera de estos escollos, tendremos que recurrir a un elemento fundamental que, en nuestra opinión, han omitido los movimientos sociales: nuestra historia, esa de los pueblos, que sólo puede entenderse en un contexto geopolítico global.

Y es que «Quien domina el pasado domina el futuro; quien domina el presente domina el pasado». Actualmente, podríamos conjugar en presente lo que George Orwell nos advirtió en su obra 1984: «Toda la historia era un palimpsesto, raspado y reescrito cuantas veces fuera necesario. En ningún caso habría sido posible probar la existencia de una falsificación». No es casualidad que los zapatistas definan su lucha «como una rebelión por la historia y contra el olvido». De hecho, en este mundo neoliberal del «presente perpetuo», «el tiempo de producción, el tiempo de la mercancía, es una acumulación infinita de intervalos equivalentes».

Tras más de 300 años de imposición violenta de sus relaciones sociales, y gracias a la colonización creciente de los bienes comunes, de nuestras mentes y de su «novolengua», el Capitalismo habrá conseguido persuadirnos de su «normalidad». Sin embargo, la historia, empezando por la de nuestros antepasados campesinos y campesinas desposeídos, nos permite cuestionar radicalmente cualquier visión lineal del progreso y comprender la ruptura antropológica que significaron los cercamientos, acompañados de la «caza de brujas», en Inglaterra entre los siglos XIV y XVI. Es decir, la destrucción de nuestras comunidades y la de otros de por el mundo, la desposesión de nuestros bienes comunes y de nuestro medio de producción más vital, la tierra, y por tanto de nuestro acceso directo a los alimentos. Una ruptura antropológica a la que los campesinos se opusieron con todas sus fuerzas, pero que siempre fueron derrotados por la sangrienta represión del Estado. Un Estado que se apresuró a legislar este robo a mano armada por parte de la burguesía, tras haber derrotado al feudalismo y a la nobleza en Inglaterra a partir del siglo XVI, con el apoyo de la Iglesia Reformada.

Desde entonces, constituido por el Capital, ese oximorón llamado Democracia representativa pudo situar a todos los partidos políticos en el vector de la Economía Política. Así se proponen desde la derecha a la izquierda del capital hasta sus extremos, pasando por el movimiento ciudadanista, como formas de gestionar a la empresa estatal. Esto últimos como intento de una gestión más colectiva de unas Instituciones estatales más cercana a los ciudadanos. Por lo tanto hemos de elaborar nuestra estrategia fuera de las lógicas más descaradas de la economía política y vislumbrar otras posibilidades. Aprender del mundo campesino anterior a esta ruptura antropológica, del desgarramiento de los comunes, así como de aquellos intentos para restaurarlo y así escapar del capitalismo y a sus lógicas devoradoras. En estos intentos emancipadoras, es tan importante identificar los errores cometidos como las posibilidades prometedoras que han estado a punto de realizarse en muchos lugares del mundo. De lo contrario, sin contar con la ventaja del máximo conocimiento compartido, ¿cómo podremos crear un movimiento digno de ese nombre, Por lo que hemos de contribuir todas y todos como el Atelier Paysan se lo propone «al surgimiento de un amplio movimiento popular por la autonomía campesina y alimentaria”.

«Es todo un sistema de cooperación lo que hay que reconstruir, nada cambiará en la agricultura sin el restablecimiento de las capacidades locales de producción de herramientas, de reparación y de apoyo mutuo». Así lo expresa Bookchin cuando nos advierte de que: «Tarde o temprano, cualquier movimiento a favor de un cambio social radical debe enfrentarse a la forma en que la gente produce los bienes materiales esenciales para su vida -su comida, cobijo y vestido- y a la forma en que se distribuyen estos medios de subsistencia». Mostrar una cortés reticencia hacia la esfera material de la existencia humana, despreciarla desdeñosamente como “materialista”, es ser en gran medida insensible a las condiciones primarias de la vida misma.«

Insistiendo en que : «nuestro proyecto de sociedad,… es un proyecto de relocalisación de la economía, «una economía moral »… « un proyecto de communalización…»

En este sentido ¿Qué pueden ofrecernos la ecología social y el comunalismo?

Ecología social, evaluación y análisis

Con el nacimiento del capitalismo y la progresiva proletarización de los campesinos y artesanos en la agricultura industrial, las fábricas y su concentración en las mega-polis, el trabajo abstracto acabó con nuestras actividades creativas, las que aseguraban nuestra materialidad cotidiana y daban sentido a nuestras vidas en relación con todas los labores concretos y necesarios dentro de la comunidad aldeana. Nadie sobraba, desde los niños hasta los ancianos. Actualmente la lógica de la racionalización productivista nos ha llevado a la segmentación, separación y especialización y a la marginación de quienes ya no sirven. Mandan las leyes del mercado internacional a través del impulso de la competitividad para minimizar los costes de producción y maximizar el valor. Esto se aplica a la agricultura en particular – por ejemplo, la ganadería -, pero también a todos los demás sectores de la economía.

Los y las trabajadoras, también reducidos a mercancías, están siguiendo los pasos de esta dinámica, al intentar desarrollando ellos mismos otros sectores para compensar su falta de tiempo, afecto y creatividad. Los simples empleados, por ejemplo, están delegando el aseo de sus perros, la entrega de sus comidas o el cuidado de sus hijos, lo cual se está acelerando con el capitalismo de plataforma de Uber y Deliveroo. En cuanto a las cuestiones sociales, si bien es cierto que los trabajadores de las fábricas habían recuperado parte de su comunidad perdida, desarrollando un fuerte sentido de la solidaridad en sus luchas comunes contra la patronal, con la automatización y la robotización, esto se ha reducido a la nada. Y más aún después de la pandemia, que ha dejado a muchas personas pegados a sus pantallas. Como consecuencia, el trabajo se ha especializado cada vez más y los lazos sociales se han erosionado. Ya no vivimos juntos, sino en soledades yuxtapuestas, con una desintegración cada vez más pronunciada de los vínculos sociales y del sentido de lo que hacemos o dejamos de hacer. Son dos factores que conducen a una pérdida de fe en la vida, de ahí el aumento masivo de los suicidios, y el sector agrícola ya no es el único que ostenta esta prerrogativa.

Una pérdida de sentido que podemos dirigir contra el capital para generar un movimiento social y político que destruya la Megamáquina, pero que también sea creativo, consecuente, significativo y esperanzador, no sólo en su perspectiva utópica sino también a través de nuestras actividades concretas que conduzcan a ella. Y no habrá proyecto de nueva sociedad en el que creer si no nos esforzamos por que «nadie se vea privado de la posibilidad de elegir lo que come con pleno conocimiento de causa». En palabras de Adorno: «la única ternura reside en la más brutal de las exigencias: que nadie vuelva a pasar hambre». Pero tampoco puede haber un movimiento coherente si no está apuntalado por un fuerte proceso de auto-educación, de promoción de una cultura del diálogo capaz de disolver nuestros «egos». Unos egos devastadores para muchas personas en los grupos sociales, resultado de los valores social-darwinistas de competitividad, sexismo, racismo y xenofobia en todas sus variantes que cada uno y una de nosotros ha interiorizado. Estos reflejos condicionados actúan bien a pesar nuestro y como auténtico topos enemigos así como nos lo enseña la psicología social – la de Erich Fromm entre otros.

El comunalismo como estrategia y propuesta política

La democracia tampoco puede ser representativa: el poder no se delega, salvo en un ámbito muy concreto, bajo condición de revocabilidad y con un mandato imperativo. Se trata de un «movimiento molecular fuertemente arraigado en cada comunidad y en cada barrio». Más allá del municipio, este interactúa con otros municipios a través de una federación y luego de una confederación de municipios, en la que se eligen delegados y delegadas revocables en cualquier momento, siempre sobre la base de un mandato imperativo. No hay «carta blanca» que les permita actuar a su antojo. Estos delegados y delegadas solo permanecen en el cargo durante un tiempo limitado y están obligados a rendir cuentas. De este modo se evita la especialización profesional y eludir la voluntad popular. Reconocemos aquí todo el enfoque zapatista y, a continuación, el mismo objetivo de una vida buena que determinará nuestra relación armoniosa con el resto del entorno natural.

«La vida buena, sostenida materialmente por «bienes» que son mensajeros del «bien», es un fin en sí misma: el fundamento de una nueva personalidad y una nueva forma de vida; un aprendizaje continuo de la asociación, la virtud y la decencia; una fuerza de resistencia a la corrupción social, moral y psicológica ejercida por el mercado y su egoísmo desenfrenado»… «… solo puede surgir de la práctica y la experiencia, más que de preceptos y ejemplos del pasado. Pero sus arquitectos pueden encontrar cierta inspiración en numerosas comunidades supuestamente primitivas en las que la disposición de las herramientas y los recursos se basaba en el principio del usufructo y no en la propiedad privada», nos dice Bookchin.

Este imaginario, que se refleja bien en las prácticas y los objetivos zapatistas, es indispensable para alimentar las esperanzas y dar sentido a nuestras palabras emancipadoras. Señalar este objetivo nos dará la energía, primero para reconocernos y luego para organizarnos, tejer lazos en la sinergia entre nuestras luchas y nuestras alternativas, en la diversidad, pero también en una búsqueda conjunta de una salida al capitalismo. Pero, ¿cómo lograrlo?

Por una estrategia comunalista aquí y ahora

«Conoce al adversario y, sobre todo, conócete a ti mismo y serás invencible». » Sun Tzu – El arte de la guerra

El reto actual es enorme, en un momento en que la tecno-ciencia y lo digital nos confunden, nos ciegan y nos controlan hasta el punto de llegar a aceptar el fatalismo de una destrucción programada por la propia dinámica de este sistema. El despertar de las conciencias es vital para decidirnos por fin a prepararnos para ganar esta guerra. Debemos comprender desde el principio que ningún movimiento con pretensiones revolucionarias puede nacer ni desarrollarse dando la espalda a su pasado. Un proverbio africano afirma: « Si no sabes adónde ir, mira atrás». Esta humildad nos da la medida de lo que podemos aprender de la revolución en España en el 1936, del desarrollo de este movimiento libertario y de su impulso sin igual, alimentado por una dialéctica entre tres elementos inseparables: la práctica, la teoría y el sueño. Toda una estrategia elaborada no por intelectuales notorios, sino por una inteligencia colectiva desarrollada emocionalmente en el fragor de la acción, en las luchas colectivas y en las realizaciones alternativas, en una estrecha complicidad por un objetivo común: el comunismo libertario.

Otro elemento importante que debemos retomar de nuestros antepasados españoles, en el actuar aquí y ahora de un movimiento constituido, es el de no esperar a la deflagración de una revolución para hacerla. Se trata de constituir de inmediato instituciones flexibles pero sólidas como embrión del mundo venidero. Es decir, una sociedad paralela con instituciones propias en tensión con las del Estado y que ya está en marcha. De este hecho histórico se nutre la propuesta política esencial del comunalismo de Murray Bookchin, que determinará la esencia misma de la estrategia comunalista: «La tensión entre las confederaciones y el Estado debe permanecer clara y sin concesiones… el municipalismo libertario se forma en una lucha contra el Estado, se refuerza e incluso se define por esta oposición. » Y así hasta alcanzar una relación de fuerzas que nos sea favorable.

En nuestro contexto geopolítico actual, la cuestión política y social es indisociable de la ecológica. Se afirma en los márgenes, a través de las prácticas, en territorios restringidos, en los municipios y en todos los lugares donde los grupos humanos buscan recuperar el control de sus vidas (vivienda, agricultura campesina, salud, producción de energía y bienes esenciales, vida artística, etc.). Ningún proyecto alternativo tendrá éxito sin el desarrollo de un movimiento que agrupe tanto las luchas contra toda dominación y por la dignidad, como las alternativas concretas que se buscan conscientemente fuera del capitalismo. Por lo tanto, es necesario multiplicar los intercambios entre estos espacios, crear vínculos de solidaridad y arraigarlos en los municipios, las regiones y a nivel internacional. Dotadas de esta cultura y práctica comunalista, las numerosas experiencias en curso en torno a la pedagogía social, la enseñanza alternativa, la educación popular, los hábitats y los lugares compartidos, la producción autogestionada, las granjas colectivas, las luchas antipatriarcales, las luchas contra lo digital, la solidaridad activa con los migrantes y las ZAD – Zonas ocupadas A defender – , pueden contribuir a enriquecer esta dinámica política, que, partiendo de lo local, debe federarse en un territorio y confederarse más allá.

Tres acontecimientos recientes nos aportan elementos fundamentales para elaborar una estrategia concreta y pertinente. El primero a tener en cuenta es, sin duda, la pandemia, que ha permitido a un gran número de personas sufrir de forma directamente perceptible la dependencia de la gran distribución sometida al mercado mundial en lo que respecta a nuestra alimentación y al sistema sanitario. Esta flagrante demostración de nuestra falta de autonomía alimentaria ha permitido a muchas personas ver las cosas con más claridad. Más cerca de nosotros y siempre en torno al mismo tema, los Levantamientos de la Tierra, en Francia nos han mostrado el camino, la determinación de un movimiento para denunciar el acaparamiento del agua por parte de la agroindustria y movilizar fuerzas para obtener victorias. También la movilización de los agricultores en toda Europa denunciaron la aceleración de la globalización del mercado agrícola a través de los acuerdos de libre comercio, en este caso el «Mercosur», que sacrifica a los pequeños agricultores y nos priva de toda autonomía alimentaria. Llegamos así a un punto en el que culmina el proceso iniciado con las enclosures- cercamiento de las tierras comunales en Inglaterra que dieron nacimiento al capitalismo – es decir, la desaparición de nuestros campesinos, tanto en el Norte como en el Sur, convirtiendo la tierra en un mundo/fábrica energívoro y contaminante. Esta creciente toma de conciencia de que nos encontramos a merced de una maquinaria cada vez más frágil en cuanto a los recursos alimentarios nos marca el camino para volver a unirnos, tanto a quienes luchan como a quienes crean alternativas.

Partiendo de estos movimientos sociales, no queremos seguir delegando nuestro poder político, sino ejercerlo directamente en nuestras asambleas populares y decisorias. Y como propone el “Atelier Paysan” con el fin de «Retomar la tierra a las máquinas»: «Estas luchas, así como nuestras acciones sobre el terreno, también deben permitirnos experimentar e imponer nuevas formas de instituciones a medida que se destituyan las antiguas». Ahí es donde se sitúa este proceso, que debe implicar a todos los colectivos de las ciudades y del campo que luchan contra la dominación y contra el capitalismo, con el fin de crear y afianzar nuestras propias auto-instituciones comunales en tensión con las del Estado. El mundo del mañana se construye hoy. Es en estas asambleas, en la complicidad de la reflexión y el hacer juntos con la perspectiva de un mundo nuevo, con la ayuda de la empatía, donde podremos determinar juntos nuestras necesidades reales en materia de alimentación, pensando en los más desfavorecidos y en estrecha colaboración y participación con los pequeños agricultores, con el objetivo de repoblar los campos vaciados de sus habitantes. Se trata de una creación común de la política1 como vínculo fuerte dentro de nuestras diversidades, local, regional y mundialmente, e insertadas en el medio natural. Pero también de un paso consciente y voluntario hacia una salida definitiva del capitalismo y hacia una ecología social. En la actualidad, y teniendo en cuenta estas movilizaciones vitales que nos conciernen a todos, conviene alinear nuestra estrategia con este camino que consiste en reconquistar la autonomía alimentaria, aliada indispensable de la autonomía política.

Nos corresponde a todos y todas desarrollar esa inteligencia colectiva, en un diálogo incesante y decidido, para crear este movimiento emancipador y federador, portador de esperanza, a nivel local, regional y más allá. Esto es lo que la ecología social, muy brevemente, puede aportar a esta voluntad de recuperar la autonomía campesina y alimentaria, pero también la autonomía política, ambas inseparables.

Nota :

1 Terre de Liens es un movimiento ciudadano y una asociación reconocida de interés público que obra para preservar las tierras agrícolas en Francia y facilitar el establecimiento de agricultores orgánicos. Su objetivo es facilitar el acceso a las tierras agrícolas a los agricultores y protegerlas de la especulación inmobiliaria. Para lograrlo, compra tierras agrícolas y las arrienda a agricultores mediante contratos de arrendamiento rural.

Floréal M. Romero

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