En torno a la Escuela de Fráncfort — Teoría crítica

En 1923 se fundó en Fráncfort el Instituto de Investigación Social, cuyo objetivo era convertir la filosofía crítica o teoría crítica en un instrumento de cambio y transformación social. El Instituto se alejó rápidamente del pseudocomunismo importado de la URSS y buscó promover una colaboración interdisciplinaria entre la filosofía y las ciencias sociales. Lejos de quedarse estancado en una ideología y en dogmas, el Instituto supo, por el contrario, reunir a personalidades que se caracterizaban por su libertad de espíritu y que eran capaces de aportar una gran diversidad reflexiva. El diálogo y la confrontación de ideas fueron allí una constante que contribuyó durante muchos años a mantener su dinamismo. La llegada del nazismo al poder en 1933 obligó a sus miembros al exilio, y algunos de ellos reabrieron el instituto en Nueva York. Esto no impidió que se mantuviera una correspondencia muy rica entre estos miembros. No fue hasta 1950 cuando reabrió sus puertas en Fráncfort, adoptando entonces la denominación de Escuela de Fráncfort y abriendo así una nueva etapa en relación con el contexto internacional. Cabe destacar que, a diferencia de muchas otras escuelas de pensamiento del siglo XX, los escritos de la Escuela de Fráncfort siguen alimentando a nivel mundial el pensamiento crítico de nuestro tiempo a través de sus autores. Por su parte, la sociología universitaria francesa se ha interesado poco por la Escuela de Fráncfort; pero ¿quién se interesa ya por la sociología universitaria francesa?

Cabe precisar que la lista de obras que aquí se propone no es en absoluto exhaustiva y no es más que un simple resumen de los campos críticos abiertos por la Escuela de Fráncfort.

El espíritu de la utopía, de Ernst Bloch

Libro de ruptura y pasión escrito a lo largo de los años de la guerra, de abril de 1913 a mayo de 1917, «El espíritu de la utopía», obra más provocadora que demostrativa de Ernst Bloch, está animada por un doble movimiento de rebelión y esperanza. Su rebelión se alza contra un universo que ha perdido el sentido del «nosotros», de la comunidad.

Hay que sentir profundamente que, para nosotros, todas las cosas sólidas se han ido convirtiendo poco a poco en cosas sin vida y en simples hábitos mediocres.

Así pues, no tenemos hogar y es otra cosa lo que, en nuestra lúgubre existencia, nos hace avanzar de verdad.

Historia y conciencia de clase, de Georg Lukács

En el proceso de pensamiento crítico que pone de relieve las estructuras alienadas y alienantes de la sociedad actual, «Historia y conciencia de clase», publicada en 1923, es una etapa importante tras Marx y, muy especialmente, como prolongación de sus descubrimientos en «El carácter fetichista de la mercancía y su secreto», en el recorrido de este pensamiento que permite vislumbrar otro tipo de organización social.

Una sociedad que permitiría al ser humano liberarse de la cosificación (reificación) de su ser por la dominación de la lógica mercantil. Su conceptualización en esta obra del fenómeno de la reificación fue, sin duda, una aportación decisiva al pensamiento crítico del siglo XX, literalmente imprescindible para todos aquellos que quieran comprender nuestra época.

Cada vez se afianza más la sensación de que las fuerzas sociales (la reificación) despojan al hombre de su esencia humana, de que cuanto más se apoderan de él la cultura y la civilización (es decir, el capitalismo y la reificación), menos capaz es de ser hombre. Y la naturaleza se convierte —sin que nos hayamos dado cuenta del completo vuelco en el significado de este concepto— en el receptáculo donde se reúnen todas las tendencias interiores que actúan contra la creciente mecanización, la privación del alma y la reificación.

La naturaleza es, pues, el ser humano auténtico, la verdadera esencia del hombre liberada de las formas sociales falsas y mecanizadoras, el hombre como totalidad consumada, que ha superado o supera interiormente la escisión entre teoría y praxis, entre razón y sensibilidad, entre forma y materia; para este hombre, la tendencia a tomar forma no es una racionalidad abstracta que deja de lado los contenidos concretos, pues la libertad y la necesidad coinciden.

Los empleados de Siegfried Kracauer

Terminado a finales de 1929, el manuscrito se publicó en una serie de diez artículos en el periódico en el que colaboraba Kracauer, el Frankfurter Zeitung. El libro apareció en los meses siguientes. En mayo de 1933, pasó a formar parte de la pira de libros denunciados como subversivos por los nazis.

La masa de empleados se distingue del proletariado obrero por el hecho de que se encuentra espiritualmente desamparada. Por el momento no puede encontrar el camino que la llevaría hacia los compañeros, y la morada de los conceptos y sentimientos burgueses, donde residía, no es más que ruinas, pues la evolución económica ha socavado sus cimientos. Actualmente no dispone de ninguna doctrina a la que recurrir, de ningún objetivo que pueda cuestionar. Vive, por tanto, con el temor de volverse hacia cualquier cosa y de llevar el cuestionamiento hasta sus últimas consecuencias.

Como señaló Walter Benjamin a propósito de esta obra, a un aguafiestas que arranca las máscaras no le gusta que se le tache de retratista.

– Sobre la amistad y otros textos – de Siegfried Kracauer

Hay palabras que durante siglos pasan de boca en boca sin que su contenido semántico se nos revele nunca de forma clara y precisa a nuestro ojo interior. En ellas se esconden la experiencia de generaciones anteriores, el curso inagotable de la vida y de innumerables acontecimientos, y es sorprendente que unas envolturas verbales que transportan tal abundancia conserven siempre su valor antiguo, perduren y se dejen aún cargar de un contenido nuevo. Sustentan toda nuestra vida, pensamos con ellas y presuponemos su unidad a pesar de la indefinida multiplicidad que tiembla en su interior. ¿Qué son, estas palabras que captan la riqueza de nuestro mundo interior, sino nombres muy débiles, impotentes, escasos ante un contenido desbordante? El amor, la fidelidad, el valor, la cobardía, el odio, la compasión, el orgullo: en su seno se acumula un devenir de mil rostros.

– Correspondencia – 1928-1940: Walter Benjamin / Theodor W. Adorno

Esta correspondencia arroja luz sobre las relaciones entre dos de las figuras más importantes de la vida intelectual del siglo XX. Incluye más de cien cartas, que van desde unas pocas líneas sobre cuestiones materiales hasta grandes intercambios teóricos, a los que la forma epistolar confiere una libertad y una inmediatez únicas.

Con el auge del nazismo y las dificultades del exilio como telón de fondo, en estas cartas desfilan numerosas figuras destacadas de la época, desde Brecht hasta Scholem, desde Bloch hasta Kracauer. Los trabajos de Adorno sobre la música y sobre Kierkegaard, los conceptos centrales de Benjamin —el aura, el mesianismo, la relación entre lo antiguo y lo nuevo—, la lenta elaboración de su gran obra sobre los Pasajes, toda esta actividad intelectual se expone aquí con el encanto que aportan las anotaciones sobre la vida cotidiana y la amistad entre las personas.

– Spanish Cockpit: Informe sobre los conflictos sociales y políticos en España (1936-1937) de Franz Borkenau

Si Spanish Cockpit se erige en obra de referencia, es porque Borkenau es el único historiador y comentarista de esta guerra civil que ha aunado una mente de primer orden con una profunda formación política. Supo plantear las preguntas adecuadas, vio el frente y las regiones de la retaguardia y se mostró como un observador extraordinario. No hay, sobre esta guerra, testimonio más perspicaz ni más veraz. (…) Por eso, más allá de ser el modelo de lo que debería ser todo análisis de una revolución, Spanish Cockpit es también una de las mejores obras jamás publicadas sobre la España de entonces.

En este grupo del POUM, al igual que entre los jóvenes reunidos frente al hotel Colón (sede del PSUC), hay alemanes, italianos, suizos, austriacos, holandeses, ingleses, algunos estadounidenses y un número considerable de jóvenes mujeres procedentes de todas estas naciones. Estas mujeres contrastan claramente con sus homólogas españolas por su libertad de porte y la ausencia de cualquier acompañante masculino. Las palabras chocan entre sí, pronunciadas en todas las lenguas, y reina una atmósfera indescriptible en la que se mezclan el entusiasmo político, la exaltación de la aventura bélica, el alivio tras los sórdidos años de exilio y la fe inquebrantable en una victoria próxima. Las amistades se forjan al instante, sabiendo todos que en veinticuatro o cuarenta y ocho horas habrá que separarse según las asignaciones en el frente.

– Crepúsculo: Apuntes en Alemania (1926-1931) de Max Horkheimer

1934 (publicado en Zúrich)

Crepúsculo es un libro de resistencia y exilio. Publicado por primera vez en Suiza en 1934, esta obra es, según la edición alemana de 1974, la segunda parte de un díptico cuya primera parte la constituyen las Notas críticas. Este diario filosófico es valioso por dos motivos: es un documento esencial para conocer a Horkheimer y la teoría crítica en su primera etapa; junto a los textos canónicos de 1937 que definen la teoría crítica en su diferencia con respecto a la teoría tradicional, esta obra de escritura más libre, fragmentaria y micrológica, deja entrever el ritmo de un pensamiento emancipador que se debe al sufrimiento y no olvida la «vida desnuda» de los dominados y los ofendidos. Denunciando las operaciones de transfiguración de la metafísica —el relevo que opera la falsa totalización del sistema—, el autor no deja de poner en relación los pequeños hechos de la vida cotidiana con el hecho masivo e inolvidable de la división social.

– Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin – 1940

Un cuadro de Klee titulado Angelus Novus representa a un ángel que da la impresión de estar a punto de alejarse de algo que mira fijamente. Tiene los ojos muy abiertos, la boca abierta y las alas desplegadas. El Ángel de la Historia debe tener ese aspecto. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Allí donde ante nosotros se presenta una cadena de hechos, él ve una única catástrofe cuyo resultado constante es acumular ruinas sobre ruinas y arrojárselas a los pies. Sin duda le gustaría quedarse, despertar a los muertos y reunir lo que se ha roto. Pero una tormenta se levanta desde el Paraíso, se ha enredado en sus alas y es tan poderosa que el ángel ya no puede cerrarlas. Esta tormenta lo empuja irresistiblemente hacia el futuro al que él da la espalda, mientras el montón de ruinas ante él crece hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es esta tormenta.

– La dialéctica de la razón de Theodor Adorno y Max Horkheimer

Los autores parten de una constatación: en el siglo XX, el progreso científico y técnico estaba lo suficientemente avanzado como para que un mundo sin hambre, sin guerra y sin opresión dejara de pertenecer al ámbito de la utopía. Si no fue así, es, según los autores, porque las grandes innovaciones de la era moderna se han pagado «con un creciente declive de la conciencia teórica». El progreso ha llevado a un grado nunca antes alcanzado el dominio de la sociedad sobre la naturaleza, pero, por otra parte, ha venido acompañado de una evolución que solo valora lo que es inmediatamente utilizable, técnicamente explotable. Esto equivale a decir que los principios de verdad, libertad, justicia y humanidad han perdido su realidad para convertirse en meras palabras. Al mismo tiempo, la ambición de hacer realidad estos principios en el mundo social se ha vaciado de contenido: quien no sabe lo que es la libertad tampoco está en condiciones de luchar por ella en el plano político. Los ideales del progreso han sido el elemento esencial de la filosofía burguesa de la Ilustración, que avanza bajo la bandera de la Razón. Horkheimer y Adorno analizan cómo este movimiento tiende a eliminar sus propios valores incluso antes de que hayan dado lugar a una práctica social, según un proceso que constituye lo que ellos denominan la «dialéctica de la Razón». Muestran que esta autodestrucción de la Razón no puede sino continuar en el futuro y engendrar nuevas formas de totalitarismo, si no se reconoce claramente y se supera sin cesar la ambigüedad que reside en el corazón del concepto de progreso.

La cultura de masas procede con lo trágico al igual que la sociedad total, que se contenta con registrar los sufrimientos de sus miembros en lugar de abolirlos.

Cuanto más se refuerzan las posiciones de la industria cultural, más puede actuar brutalmente frente a las necesidades de los consumidores, suscitarlas, orientarlas, disciplinarlas…

En el proceso de su producción, las imágenes son precensuradas de acuerdo con las normas del entendimiento que, más tarde, decidirán la manera en que hay que mirarlas.

– Estudios sobre la personalidad autoritaria de Theodor Adorno – 1950

La presente investigación, al limitarse a los aspectos psicológicos del fascismo hasta ahora ampliamente descuidados, no se interesa por la producción de la propaganda. Centra su atención en el consumidor, el individuo al que se dirige la propaganda.

El individuo debe enfrentarse a problemas que, en realidad, no comprende, y debe desarrollar ciertas técnicas de orientación, por burdas y falaces que sean, que le ayuden, por así decirlo, a encontrar su camino en la oscuridad.

Estos medios cumplen una doble función: por un lado, proporcionan al individuo un tipo de conocimiento, o un sustituto del conocimiento, que le permite tomar posición cuando se le pide, cuando en realidad no está preparado para hacerlo. Por otro lado, en sí mismos apaciguan psicológicamente el sentimiento de ansiedad e incertidumbre y proporcionan al individuo la ilusión de cierta seguridad intelectual, de algo a lo que aferrarse, aunque sienta, en el fondo de su ser, la incoherencia de sus opiniones.

Cuanto más estereotipada se vuelve la vida misma, más justificado se siente el estereópata y ve su esquema de pensamiento confirmado por la realidad. La comunicación de masas moderna, modelada a imagen de la producción industrial, difunde un sistema de estereotipos que le permiten parecer en todo momento a la última y «muy bien informado».

Lo que el individuo dice constantemente en público, lo que dice cuando se siente a salvo de la crítica, lo que piensa pero no dice en absoluto, lo que piensa pero no quiere admitir ante sí mismo, lo que está dispuesto a pensar o a hacer cuando se le incita de diversas maneras: todos estos fenómenos pueden concebirse como parte de una estructura única.

– Minima Moralia: Reflexiones sobre la vida mutilada de Theodor Adorno – 1951

Entre los moralistas franceses, Marx y los románticos alemanes, Adorno emprende, a través de breves capítulos, viñetas e instantáneas, una crítica de la mentira de la sociedad moderna, persiguiendo en lo más íntimo de la existencia individual a las fuerzas objetivas que la determinan y la oprimen.

Este libro, que conviene estudiar como una obra completa, debe acogerse como un arte de escribir, meditarse como un arte de pensar y practicarse como un arte de vivir. Mejor aún: un arte de resistir.

Porque la delicadeza entre los seres no es otra cosa que la conciencia de que son posibles relaciones libres de fines utilitarios.

El frenesí de consumo de los productos más recientes de la técnica, (…) hace que se acepte la chatarra más manida y se entre en el juego de la estupidez programada. No preguntarse nunca para qué sirve un producto, hacer como todo el mundo, participar en la estampida, eso es lo que sustituye, como puede, a las necesidades racionales.

Su sociedad de masas no solo ha producido basura para los clientes, sino que ha producido a los propios clientes.

En la representación abstracta de una injusticia generalizada, toda responsabilidad concreta desaparece.

Quien quiera conocer la verdad sobre la vida en su inmediatez, debe investigar la forma alienada que ha adoptado, es decir, las fuerzas objetivas que determinan la existencia individual en lo más íntimo de sí misma.

– La obsolescencia del hombre de Günther Anders – 1956

La ambigüedad propia de las emisiones de radio y televisión consiste en que, desde el principio y por principio, sitúan a su destinatario en una situación en la que se borra la diferencia entre vivir un acontecimiento y ser informado de él.

La tarea de quienes nos entregan la imagen del mundo consiste así en confeccionar para nosotros un Todo falso a partir de múltiples verdades parciales.

Cualquier doctrina que cuestione el sistema debe ser calificada en primer lugar de subversiva y terrorista, y quienes la apoyen deberán ser tratados como tales.

En ambos bandos se plantea la candente cuestión de la liquidación del hombre por sus propias creaciones.

No basta con cambiar el mundo. Lo cambiamos de todos modos. Incluso cambia considerablemente sin nuestra intervención. También debemos interpretar ese cambio para poder cambiarlo a su vez. Para que el mundo no siga cambiando así sin nosotros. Y para que no acabemos encontrándonos en un mundo sin hombres.

El principio esperanza de Ernst Bloch – Obra publicada entre 1954 y 1959

«El principio esperanza» se plantea como la reconquista de sí mismo emprendida por el hombre, la superación del reinado de la alienación y de la mercancía, la realización de ese mundo nuevo del que todas las utopías son la anticipación abstracta.

Las barreras erigidas entre el futuro y el pasado se derrumban así por sí solas,

el futuro no realizado se hace visible en el pasado, mientras que el pasado vengado y recogido como una herencia, el pasado mediatizado y llevado a buen término se hace visible en el futuro.

Solo en las sociedades antiguas y agonizantes, como las de Occidente hoy en día, una cierta intención parcial y pasajera se orienta hacia abajo. Es entonces cuando se instala en aquellos que no encuentran salida a este declive el temor a la esperanza y la oposición a la esperanza. El fenómeno de la crisis reviste entonces la máscara subjetivista del temor y la máscara objetivista del nihilismo: se soporta pero no se aclara, se lamenta pero no se cambia.

El sueño no debe estancarse, eso no conduce a nada bueno. En cuanto se vuelve hacia adelante, es de una tempra completamente diferente.

– El hombre unidimensional de Herbert Marcuse – 1964

Así, tener libertad económica debería significar estar «liberado de» la economía, de la coacción ejercida por las fuerzas y las relaciones económicas, estar liberado de la lucha cotidiana por la existencia, no verse más obligado a ganarse la vida. Tener libertad política debería significar para los individuos que están «liberados de» la política sobre la que no tienen control efectivo. Tener libertad intelectual debería significar que se ha restaurado el pensamiento individual, actualmente ahogado en la comunicación de masas, víctima del adoctrinamiento; significaría que ya no hay creadores de «opinión pública» ni opinión pública. Si estas propuestas suenan poco realistas, no es porque sean utópicas, sino porque las fuerzas que se oponen a su realización son poderosas.

– El espacio público oposicional de Oskar Negt – 2007

El espacio público oposicional de Oskar Negt es una obra absolutamente esencial del pensamiento crítico contemporáneo. Publicado en 2007 por la conocida editorial Payot, se ha vuelto, por razones que se desconocen, totalmente imposible de encontrar en Francia, y eso a pesar de que aporta respuestas prácticas y totalmente originales a las lógicas de separación que conducen a nuestra sociedad a la descomposición y la ruina. ¡Es realmente extraña esta desaparición!

En el centro de su análisis, esta constatación: «El sistema capitalista en el que vivimos intenta destruir los lazos sociales. (…) La ausencia de vínculos es un objetivo programático de la sociedad que se define por su orden económico».

Todos aquellos que disponen de cierta perspectiva sobre la evolución de nuestras estructuras sociales durante las últimas décadas no pueden sino constatar los efectos desastrosos de esta estrategia de dominación; hasta el punto de que, de hecho, resulta difícil hablar de Sociedad en un mundo donde la separación se ha generalizado tanto, dejando a cada uno solo frente a las exigencias totalitarias del Mercado. Reconstruir un espacio público de oposición donde puedan volver a expresarse las perspectivas de un mundo común, de un mundo donde la solidaridad haga retroceder las frías lógicas competitivas de la economía política, se ha convertido en una prioridad ineludible para todos aquellos que aún esperan un futuro humano. Este libro intenta precisamente aportar su granito de arena.

Quien se entrega por completo al presente está condenado a reaccionar sin cesar ante hechos consumados. (…) Quien no encuentra la fuerza para soñar, no encontrará la fuerza para luchar.

– Alienación y aceleración de Hartmut Rosa – 2010

Pero, en la sociedad de la aceleración, ya no se reparan las cosas: mientras que podemos acelerar fácilmente la producción, no podemos acelerar significativamente el mantenimiento y el servicio. Por consiguiente, reparar las cosas se vuelve cada vez más caro en comparación con reproducirlas. Además, como la mayoría de los productos se vuelven técnicamente cada vez más complicados, perdemos los conocimientos prácticos necesarios para ocuparnos de ellos nosotros mismos. Por último, a medida que aumenta la velocidad del cambio social, el «consumo moral» de las cosas siempre supera su consumo físico: tendemos a tirar y sustituir coches, ordenadores, ropa y teléfonos mucho antes de que se agoten físicamente.

Sí, la subjetividad humana está inevitablemente descentrada, fragmentada, llena de tensiones y definida por conflictos insolubles entre deseos y valoraciones. Sin embargo, en la modernidad tardía, los dictados de la velocidad, la competencia y los plazos impuestos crean dos dilemas que justifican el veredicto de una nueva forma de alienación que merece la atención de la crítica social: en primer lugar, de estos dictados se derivan modelos de comportamiento y de experiencia que no son creados por uno u otro conjunto de valores o deseos, sino que permanecen verdaderamente «ajenos» a los sujetos. En segundo lugar, a diferencia de otros tipos de regímenes socioculturales como la Iglesia católica, el entorno de la modernidad tardía no ofrece ideas o instituciones de «reconciliación» potencial: todos los fracasos y defectos recaen directamente sobre los individuos. Es únicamente culpa nuestra si somos infelices o si no logramos mantenernos en la carrera. Una de las consecuencias es que los sujetos, en los entornos ultrarrápidos de la modernidad tardía, no logran reconciliar y alinear los diferentes horizontes temporales de su vida: los modelos, las estructuras, los horizontes y las expectativas que caracterizan nuestras acciones cotidianas, aunque sin duda seríamos capaces de dominarlos, se separan cada vez más de las expectativas y los horizontes que desarrollamos para nuestra vida tomada en su conjunto, desde la perspectiva temporal de nuestro proyecto de vida.

– Filosofía de la praxis de Andrew Feenberg – 2016

Lo que define la filosofía de la praxis es el principio según el cual las «antinomias» de la filosofía solo pueden resolverse en la historia.

La filosofía trata sus conceptos como si se basaran en hechos eternos, relativos a la naturaleza o a la condición humana. Pero si se consideran así, se oculta el contexto de estos conceptos y resulta imposible imaginar el papel de la acción humana para resolver los problemas que estos plantean. (…) Una vez que se contempla la acción social como una posibilidad real, parece desempeñar un papel fundamental para resolver un problema filosófico que tradicionalmente se ha tratado como puramente teórico.

Con el declive de las formas clásicas de las luchas revolucionarias de la clase obrera, estas nuevas formas de oposición apuntarían cada vez más al carácter irracional del capitalismo, a lo absurdo de su pretensión de organizar la totalidad de la vida social a través del mercado, y a las consecuencias medioambientales catastróficas de su búsqueda frenética de beneficios gracias a las inmensas posibilidades de la técnica moderna.


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