la política” para las Instituciones estatales

Hoy en día, «hacer política» significa entrar en el juego de las instituciones estatales, los partidos, las elecciones y las carreras de políticos profesionales. Este juego, forjado por la burguesía a partir del siglo XVI para acompañar y afianzar el auge del capitalismo, pretende representar al pueblo mientras organiza su despojo. Bajo el manto de la democracia representativa —un oxímoron—, en realidad no se trata más que de la gestión de los intereses económicos dominantes.

Al principio, esta política estaba reservada a las élites. Poco a poco las clases populares, las mujeres y las personas racializadas fueron «incluidas» en este teatro, pero sin poder cambiar realmente las reglas. Simplemente se las integró en un sistema diseñado para neutralizar cualquier transformación profunda, haciéndolas dependientes del mercado y de las Instituciones del Estado.

Este sistema produce una casta específica: la de los políticos. Su función independientemente de su color partidista, es gestionar las contradicciones del capitalismo, no salir del mismo. Sus carreras dependen de la capacidad que tengan para adaptarse a la lógica de la economía política, no para cuestionarla. Por eso la política institucional es hoy sinónimo de promesas vacías, arribismo y sumisión al poder del dinero.

Lo POLÍTICO” para el comunalismo

El comunalismo por su parte reivindica «Lo POLÍTICO», una forma completamente diferente de concebir la vida colectiva. Lo político no se reduce a las instituciones del Estado. Designa lo que organiza la vida social en toda sociedad humana, como recordaba Pierre Clastres, siguiendo a Aristóteles: «El ser humano es un animal político».

Lo Político es el poder de decidir juntas y juntos, en igualdad, sin mediación jerárquica, en asambleas populares arraigadas localmente en pueblos, barrios, municipios, etc. Es ahí, y no en los Palacios Nacionales, donde la democracia puede volver a ser un principio vivo y encarnado.

El comunalismo propone por tanto, una transformación radical: sustituir las Instituciones estatales establecidas, por unas auto-instituciones flexibles aplicando una democracia directa, basada en asambleas locales federadas entre sí y confederadas a nivel supralocal. Las personas delegadas asumirían mandatos revocables y su función no seria gobernar en lugar de los demás, sino garantizar la aplicación y la coordinación de las decisiones colectivas. Los mandatos serian rotativos y no se delegaría el poder, sino que se compartiría.

Rehabilitar «Lo POLÍTICO » como práctica colectiva

Ante la farsa actual, recuperar Lo Político es negarse a resignarse a ser un simple espectador o votante. Es decir, volver a aprender a decidir por nosotros mismas y mismos, a pensar juntas y juntos en nuestras necesidades, nuestras interdependencias, nuestras solidaridades y nuestros vínculos con nuestros entornos naturales vitales.

Lo que nos propone el comunalismo no es una utopía lejana, sino un camino político concreto y vivo, que rompe con la ilusión representativa y está estrechamente vinculado a las luchas, las prácticas alternativas y las aspiraciones de quienes nos negamos a sufrir.

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